
FUNDACIÓN CASA TALLER Y UNICEF
Por Irisol Vergara
El proyecto del verano ”Sol A Sol” es el resultado de un esfuerzo conjunto entre varias personas, Casa Taller, Unicef, talleristas comunitarios, niños, autoridades policiales y las comunidades quienes hicieron posible armarlo y enriquecerlo.
De una manera sintética y ágil, reúno en este informe todo lo acontecido en dicha actividad celebrado en las comunidades de Unión Chocó, Capetí y Vista Alegre cuyos hermanos en su gran mayoría “emberá-wounann” trabajaron como ilustres protagonistas de las artes, historia y cultura que han heredado de sus ancestros.
Con este verano le hemos devuelto una información cultural que le pertenece, y que cuyo objetivo específico enriqueció esa comunicación directa con los niños, principales seres motivadores de esa memoria popular.
Fueron muchas las satisfacciones encontradas en el camino: la gente de las comunidades que nos atendieron con su hospitalidad y que abrieron sus mentes y dedicación a sus niños, aun sabiendo que no contaban con mucha experiencia en la enseñanza y que aun así aceptaron este reto motivador. También el interés de los niños y adultos en tener un seguimiento sobre estos talleres, y que antes de marcharnos nos pedían que por favor no los olvidáramos y que regresáramos con nuevas propuestas. Aquellos que treparon árboles para bajar algún pixbae o jagua y compartirlo para las clases de los niños. Aquel que nos ofrecía un celular para comunicarnos a Panamá, aunque fuera inútil conseguir señal; igual para los que nos apoyaron buscando agua del río para poder bañarnos. Todo aquello fue un regalo para nosotros.
Estas comunidades mantienen nexos culturales y comerciales con el país vecino, Colombia, será por su cercanía a la frontera colombiana.
Sin embargo como en toda tarea, muchas cosas no fueron fáciles como la búsqueda de talleristas comunitarios y personal para atender la cocina la cual aumentó notablemente nuestro tiempo de trabajo ya que pocos querían aceptar este compromiso; la escasez de agua potable para beber, los mosquitos y el clima agotador que terminaron por enfermarnos. Pero no podíamos defraudar a nuestra principal motivación que eran aquellos niños, que esperaban impacientes a las 7 de la mañana, (cuando se dijo que era a las 9), para recibir horas de juego, diversión, aprendizaje y merienda.
Estamos contentos con el trabajo realizado, arduo, tenaz y satisfactorio. Fue un logro este programa. Puedo decir que nos ganamos en gran medida la confianza de estas personas, que nos contaban sus necesidades, inquietudes y sus aspiraciones. Comer con ellos, cocinar con ellos, ir al río con ellos y dormir con ellos fue darnos cuenta de la realidad que se enfrenta esta población, porque nos sentimos parte de ellos.
